
La Sala Orive se había transformado en una especie máquina del tiempo de la mano de la Orquesta Barroca Cristóbal de Morales. Desde Sevilla, habían transportado trocitos de la época de Góngora para traerlos hasta su ciudad y rendirle homenaje en el espectáculo 'Góngora... la dulce sombra'. Música de Haendel se entremezclaba con algunos de los versos más conocidos de Góngora, declamados con un exquisto acento andaluz que hacía que cada letra tomase cuerpo en la sala para inundar oídos y transformar la atmósfera. Estos versos se retiraban del escenario con el traqueteo de los tacones para dejar paso a la soprano Juana Castillo. Su vestido azul parecía mecerse al son de ese "Dejadme llorar orillas del mar" de Góngora mientras el director de la orquesta hacía encajar con las manos las sílabas que flotaban en el aire y que él colocaba en el lugar apropiado, en el instrumento idóneo, en forma de notas musicales. Al interaccionar entre sí, se acariciaban unas a otras para conformar compases. Éstos se transformaban en palabras.; después, en versos. Se respiraba una sensación de quietud por los ojos. La forma con la que la luz se colaba por la ventana también era poesía. Las sombras barrocas encontraban al público absorto, en un silencio respetuoso que sólo se interrumpía con tímidos aplausos entre pieza y pieza.
Hubo también tiempo para la improvisación y fue entonces cuando el barroco comenzó a tocarse con la punta de los dedos. Por el camino, se rompió alguna cuerda y hubo que volver a afinar la orquesta para que los versos quedaran en su sitio. Lo mágico de la atmósfera seguía in crescendo. También el sol aplaudía al salir.
Mientras, las flores del Jardín Botánico destapaban versos con el ciclo 'Florecen versos' y en el Puente Romano los transeúntes buscaban una sombra bajo la que resguardarse. El sol pareceía querer regar toda la ciudad de versos el día previo a la celebración del Día Mundial de la Poesía. Córdoba era entonces camisetas de manga corta y gafas de sol. A orillas del Guadalquivir se situaba el "excelso muro" y las "torres coronadas, de honor, de majestad, de gallardía" del soneto de Góngora, haciendo de toda la ciudad un escenario. La Escuela de músicos de Córdoba acompañaba el ir y venir de un lado a otro con jazz, canción de autor, un tablao flamenco, un corro rociero y establecían puntos clave en los que detenerse. Al mismo tiempo, el voluntariado Córdoba 2016 repartía marcapáginas con versos de Bernier y Góngora, los homenajeados de esta octava edición de Cosmopoética. Pasadas las dos de la tarde, cuando el calor se intensificaba, aún sonaba el grupo Up to the Blazz en el Puente Romano.
Todo adquiría un tono de celebración, porque por la tarde las camisetas de manga corta eran de color azul y hacían una apuesta duradera y decidida por la ciudad en forma de foto. El hombre del paraguas siempre ha tenido mucho que decir en ella. Él ponía una banda sonora de domingo de sol y versos para ir caldeando del ambiente.
Galatea
1 comentario:
UNA HERMOSA FORMA DE DESCRIBIR UN DIA ESPECIAL...ME HA GUSTADO MUCHO,ME ENCANTA SABER QUE QUEDAN SERES CON LA CAPACIDAD DE CONTAR ALGO, ASÍ DE BIEN.UN SALUDO...juana
Publicar un comentario