sábado, 26 de marzo de 2011

Juan Bernier: fragmentos de intimidad

Las mañanas de sábado necesitan inaugurarse de manera especial, porque aún quedan resquicios de sueño y bostezos acumulados que hacen que el sol y los ojos no terminen de despertarse. El ciclo 'Juan Bernier, la mirada del siglo' se proponía proseguir la labor comenzada anteriormente desde bien temprano. Apenas a las 10 de la mañana, Juan Antonio Bernier, ahora profesor de la Universidad de Sofía, Bulgaria, sobrino-nieto del poeta del que toma apellido, nos invitaba a adentrarnos por la cara menos conocida del mismo para encontrarnos con la persona, con el outsider, que se buscaba y no terminaba de encontrarse en la realidad de su tiempo.
¿La fórmula elegida para ello? Su Diario, un texto autobiográfico híbrido, compuesto por memorias, cartas, breves anotaciones y por los propios diarios, escritos entre 1937 y 1947 y revisados y reelaborados a lo largo del resto de la vida del poeta, que concibía la práctica del diario como un texto susceptible de ser manipulado, en el que no cuenta tanto la espontaneidad como el resultado final, porque para Bernier la elaboración artística se erige como forma de hacer coincidir belleza y verdad.

Tras aportar algunos detalles técnicos acerca de la concepción y estructura del Diario, Juan Antonio Bernier se adentra en la lectura de algunos fragmentos. Atisbamos en ellos la materia prima de la vida de Juan Bernier, dispersa y diseminada. La crueldad de la guerra civil española nos devuelve a un hombre que, tras el desengaño, se rearma afianzado en su nueva moral. Su 'historia universal' en primera persona pasa por las lecturas formativas y el despertar sexual. Observamos con desgarro cómo los tiros ostentan los nombres de amigos que se pierden. El 'diario de guerra' se transforma en un diario íntima con el que Juan Bernier pretende dejar constancia de que su única pretensión consitió en vivir conforme a su naturaleza. Bernier configura su poética alrededor de esos momentos en los que la vida se quiebra o se curva.

También algo se quiebra por dentro de aquellos que escuchamos a Juan Antonio Bernier, usando su voz como vehículo para llevarnos hasta ese otro Bernier de "no soy sino los ojos donde se petrifica toda la tristeza". Por unos minutos, también a nosotros se nos petrifican los ojos. Las cortinas del Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras están corridas. La sala se torna como una cápsula en la que encerrar lo más íntimo de aquellos a quien se venera pero que, de repente, se redescubren desde otro registro. Y nos lo devuelve como alguien cercano, como una voz que susurra igual que lo hacía esta mañana Juan Antonio Bernier.

"Mi ideal es escribir la verdad (...) de un hombre que se llama J.B.", clama. El Diario habla de lo que no se podía hablar entonces y que habrá que comprobar aún si en la actualidad, un siglo más tarde, estamos preparados para ello. De momento, verá la luz en Cosmopoética el próximo 9 de abril.

Juan Antonio Bernier afirma, convencido, que el renacimiento poético cordobés de los últimos 15 años es por Cántico y en parte por Juan Bernier, al igual que por profesores como Pedro Ruiz y Pedro Roso. "Tu letra, oh, sur..."


Galatea