sábado, 9 de abril de 2011

El chico del 'ay' y la chica-orquesta

Demostraron la elegancia de la sencillez. La poesía hecha música no precisa de palabras previas, de aclaraciones, si es tan buena que se sostiene por sí misma. Nacho Umbert rompió con la costumbre más común de los cantautores: hacer de monologistas y vender sus anécdotas por encima de la música. Pero Nacho no. Pasó de ser un showman para, simplemente, mostrar su música.

Con su polo verde, un poco tímido, sin despegarse de su guitarra ni del micrófono, se quedó allí, como petrificado, sentado en el lado izquierdo del escenario. Al otro, la chica-orquesta, el acompañamiento musical perfecto: versatilidad y maestría. Por su parte, el público se arremolinaba en la sala. No sólo estaban ocupadas todas las sillas, sino que se divisaban cuerpos de pie a ambos lados e, incluso, algunos estaban sentados en el pasillo central. Si uno alzaba la vista y se detenía un poco, el reflejo de las luces en el techo lo embriaga casi tanto como la voz de Nacho. Era la otra perspectiva del momento, rota en cuadraditos de cristal.

Tocó la mayor parte de las canciones de su último disco, con el que volvió a reaparecer en panorama nacional el año pasado, y algunos temas nuevos. Su voz, capaz de hacer suspirar a cualquier chica, nos recuerda que se puede hacer buen indie en español. El ex Paperhouse es un chico un tanto triste que entona canciones cargadas de fuerza precisamente por la sencillez de su vocabulario. Cada dos por tres, se cuela un 'ay'. Así se llama el disco, comenta Nacho, porque él no para de decir 'ay' cada dos por tres. Sí, él es el chico del 'ay', el público secunda tal afirmación. Nos habla de rizos sin domesticar, de confidencias en el palomar. Va hilando unos temas con otros sin precisar nada. No hace falta. De repente, cualquier frase-proyectil: "cómo me gusta la forma que tienes de abrazar".

Alguna canción nueva hizo sonreír al público, como "Una chica espectacular", pero luego cambiaba de registro y regresaba a esa voz nostálgica, desgarradora para un viernes por la noche. Nos enseñó un nuevo refrán catalán, algo así como "¿Quién te ha hecho ese agujero?, le dice el muerto al degollado". A algunos nos dejó fascinados.

Con "Cien hombres y uno más", según él, la canción que mejor lo define, cerraba su actuación. Sin embargo, el público aplaudía más y más y el chico del 'ay' y la chica orquesta terminaron por salir a escena de nuevo. Nacho sentenció: "vale, más". Y tocaron un tema nuevo: "Nuestra especialidad".

Su especialidad es la humidad, la sencillez. Ay.



Galatea

Fotografías: Lola Araque

Myspace Nacho Umbert


1 comentario:

María Mercromina dijo...

Qué buen descubrimiento...
Nuestras balas alojadas entre la vesícula y el esternón...

Y qué buena es Galatea :)